Etiquetas

Bienvenidos

Pasen adelante, quítense los zapatos si así están más cómodos.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Sin rostro

Las botellas ambar iban y venían a la mesa, luego de un día agotador era lo que necesitaba para poder calmar a todos los demonios que las circunstancias habían despertado. La cerveza con su perfecto color dorado, la espuma blanca coronándola cada vez que la botella golpeaba la madera y las gotas frías sudando en el vidrio oscuro. La música distante, a quien muchos daban poca importancia, sólo estorbaba en mis oídos que buscaban una paz que yo sabía no encontraría en ese lugar. Las conversaciones de todos mezclándose con el humo del ambiente, impregnandose en mi ropa para recordarme al día siguiente todo lo que había escuchado. Gente desconocida me rodeaba, gente sin rostro. Ni siquiera recuerdo cómo llegué allí ni por qué estaba con ellos, y claro que no sabían sobre mis demonios, eso no se le cuenta a cualquier persona que acabas de conocer, no se le cuenta casi a nadie. Iba dejando todo en el fondo de las botellas, cambiando pensamientos por cerveza.

Inside the bottle - oz_90

De un momento a otro estaba entre risas contagiosas que no me dejaban respirar, que hacían doler mi estómago, pero sin saber exactamente por qué reía. Las personas sin rostro seguían sumándose al grupo, llegaban con el paso del tiempo que ya se reflejaba en el cielo oscuro y en las candelas derretidas de la mesa que estaban a minutos de ahogarse en la cera líquida que las inundaba. Las botellas seguían yendo y viniendo, mis manos y la punta de la nariz comenzaron a sentir el cosquilleo del efecto que el alcohol tiene en mí. Las ganas de ir al baño se hacían cada vez más insoportables, pero no tenía ganas de levantarme, parecía que la gravedad me tenía pegado a la silla y me di por vencido antes de intentar hacer el esfuerzo. Las cajetillas de cigarros iban quedando vacías mientras todos se envenenaban con sus propias manos sin razón aparente.

Me levanté de la silla intentando disimular la borrachera en la que comenzaba a sumergirme sin poder lograrlo, algunos voltearon a ver como mi cuerpo se había vuelto inestable y se balanceaba levemente de un lado a otro. Me importó poco y comencé a caminar, pasé cerca de varias mesas llenas de gente como con las que había estado las últimas horas, gente que en lugar de ojos, nariz y boca tenían una masa cubriéndoles la cara, vestidos a la moda y presumiendo de lo que no tenían. Otros estaban parados a la par de las mesas, hablando, riendo y dejándose llenar por la ebriedad, estorbando mi camino. Logré llegar hasta la puerta que me separaba de poder sentir ese pequeño pero magnífico alivio de apagar esa necesidad incesante de orinar. Entré apresurado sin prestarle atención al espejo sobre el lavamanos, no había tiempo. Veía los cuadros en las paredes, que se volvían pinturas tristes y oscuras, veía hacia el techo que comenzaba a moverse en todas direcciones, jamás había estado así, no era una simple borrachera. Me vi en el espejo, y una sensación de terror recorrió mi cuerpo.

Mi rostro no estaba, se había vuelto una máscara lisa, sin ojos, sin nariz, sin boca, se había esfumado. Las luces se apagaron súbitamente, todas menos la que alumbraba sobre mi. Los cuadros se volvieron pinturas macabras, siluetas largas con ojos rojos dibujaron sonrisas sádicas y comenzaron a celebrar algo que no entendía. El espejo se escurrió en la pared, se había vuelto un charco reflectante que envolvía mis zapatos. La única luz comenzó a parpadear dando señales de su pronta muerte. El miedo se abrazó a mi cuerpo, sentía su peso en mis hombros y sus uñas clavadas en mi pecho, sentía como intentaba derribarme sobre el lodo plateado. Como pude salí del baño dejando al miedo atrás, agitado, con el corazón intentado salir de mi y el rostro perdido en quién sabe dónde. ¿Alguien se daría cuenta del cambio? Eso era lo de menos, tenía que irme de ese lugar, de ese infierno.

Las mesas estaban llenas de botellas vacías, botellas a medias. Las sillas estaban solas, el lugar completo estaba desierto. Sobre las mesas sólo había libros cerrados, libros con portadas de diferentes colores, todos oscuros y descuidados. Caminé lentamente por el lugar buscando la salida, intentando no hacer ruido aunque no hubiese nadie, quería evitar a toda costa ser oído. Tropecé con la pata de una mesa y una botella comenzó a tambalearse hasta perder el equilibrio, rodó por la mesa hasta el borde del pequeño abismo y cayó al suelo quebrándose en pedazos que se volvieron líquidos. Volteé hacia todas partes esperando ver algo, mi corazón se detuvo por un momento. Parecía no haber pasado nada, el lugar seguía vacío y sin vida. Un fuerte chasquido recorrió todos los rincones y los libros comenzaron a pasar las hojas rápidamente, como si una correntada de aire los azotara sin piedad. Los libros parecían no tener fin, las páginas pasaban una a una, todas estaban vacías. Logré ver un libro que no se movía, el libro que estaba en mi lugar. Lo abrí con temor, tenía que saber qué pasaba. Las últimas hojas estaban vacías, y en las que aún había letras éstas comenzaban a borrarse.

::Libro:: - ::De todos los colores::

Corrí hacia el auto y me largué de ese lugar, mis manos temblaban sin control mientras el camino se iba volviendo cada vez más claro. Manejé casi por una hora, tomando atajos, cruzando en calles en las que no debía cruzar por si alguien me seguía. La paranoia había tomado el control sobre mi mientras regresaba a casa. Por fin llegué, vi hacia todos lados mientras abría la puerta y desaparecí en la oscuridad. Me encerré en el cuarto con la luz de la mesa de noche encendida, negándome a ver los espejos, intentado no cerrar los ojos, pero el cansancio pudo más que el miedo que poco a poco iba durmiendo conmigo. Caí en un profundo sueño, mezcla del agotamiento y los tragos de esa noche, lleno de pesadillas que me recordaban todo lo vivido esa noche. No podía despertar aunque quisiera. Las horas pasaron y la noche se ocultó temerosa del sol que daba de lleno en mi ventana. Desperté con un horrible dolor de cuerpo, la cabeza parecía estar a punto de explotar y la náusea empujaba el vacío de mi estómago. Mi rostro había regresado y los recuerdos comenzaban a alejarse. El libro que había visto en la mesa estaba a mis pies, con las páginas de mi vida aún llenas y las páginas vacías esperando a ser escritas.

Fotografías: oz_90, ::De todos los colores::

24 comentarios :

  1. Muy intenso y surreal...las partes finales sobre todo, me ha encantado definitivamente cómo transformaste una escena casi cotidiana en una sucesión de miedos; y el simbolismo final de la vida y libro fue perfecto.
    Un saludo grande!
    M.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Marianne! En serio me alegra mucho que te haya gustado.

      Saludos! :)

      Eliminar
  2. Hay personas que cuando se emborrachan ven todo más bonito y hay personas que al hacer eso tienen unos delirios impresionantes. Me gusto mucho este relato y el final es maravilloso, felicidades por esta idea! Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tendré cuidado la próxima vez que salga por unas cervezas, no me vaya a topar con gente sin rostro. Gracias por siempre pasar leyendo y comentando, Sandra.

      Saludos!

      Eliminar
  3. Me ha gustado mucho tu relato. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por pasar leyendo y comentando la entrada, Mauricio. Qué bien que te ha gustado.

      Saludos!

      Eliminar
  4. Un cuento muy bueno. El ambiente está muy bien trabajado y el ritmo es el suyo. El bar lleno, el bar vacío, lo sólido que se hace líquido... Pero cuidado, que hay por ahí más gente sin rostro de lo que imaginamos y quizás la próxima vez...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que la suerte estuvo de mi lado, pero como dices, puede que la próxima vez... Ya tengo de vuelta el libro, debo estar más atento.

      Saludos, y gracias por pasar leyendo!

      Eliminar
  5. orli que bueen suspenso, me gusta cómo haces imaginarse a una las escenas y recordar que....más de alguna vez todos hemos vivido algo similar (que problema). Esperando la proxima entrada! congrats!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Alicia, hay que cuidarnos de la gente sin rostro, dicen que son muy peligrosos.

      Un abrazo! :)

      Eliminar
  6. Muy buena historia, y muy bueno el final. Felicitaciones. Saludos.

    ResponderEliminar
  7. El relato me atrapo desde el comienzo hasta el final por todo su intensidad, dinamismo, imágenes y símbolos además de la trama. Sin embargo hay algo que me hizo cuestionarlo en un momento y es que dices que el personaje se ve en el espejo sin cara, sin ojos ni nada. ¿como se podía ver entonces? Ese detalle creo que es lo que hace que la historia no sea creída del todo. hasta ese momento, todo era posible, la historia era objetiva. Ese detalle deberías revisarlo y darle una solución. Muy bien como relato fantástico con origen en la realidad objetiva. Lo he compartido en la comunidad PTB donde participo y obtendrás muchos 1+s y algunas visitas. No sé si ya participas en ella. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu visita Lumy, comprendo tu comentario y te comento que si lo tomé en cuenta porque detrás de esa máscara esta el verdadero rostro que sólo está tapado por apariencia. Veré la forma de dejar este detalle claro.

      Te agradezco por haberlo compartido y te envío un fuerte abrazo.

      Saludos!

      Eliminar
  8. Es una relato muy intenso, parece estar sucediendo delante de uno al leerlo, genial, páginas y páginas por escribir...saludos.

    ResponderEliminar
  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  10. DAMN!! Mano qué impresionante, esa situación al estar en el baño de una u otra manera la hemos sentido, esa incertidumbre de cómo vamos a regresar a dónde estamos y ese miedo que nos produce el futuro, más al estar rodeado de esa gente sin rostro.
    A seguir escribiendo mano. Excelente entrada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la visita y el comentario, Pablo. Saludos!

      Eliminar
  11. Tanta paranoia me suena como a coca, digo... Así me han contado 'vaa'

    Antes me sentía así, me daba miedo ser un "sin rostro", pero después de agarrarle el gusto al alcohol barato, mujeres fáciles y conversaciones triviales, no cambiaría los lugares ruidosos y vacíos por pláticas profundas/aburridas. Puede ser resignación pero es más fácil encontrar un válvula de escape en esos bares intrascendentales que filosofías complejas que terminen por atormentar mi pensamiento...


    En fin, quizás deberíamos ir a tomar en otro ambiente XD, pajas. Está coolZ

    ResponderEliminar
  12. Muy cierto esto: "[...] y claro que no sabían sobre mis demonios, eso no se le cuenta a cualquier persona que acabas de conocer, no se le cuenta casi a nadie". Es más, hay demonios propios que nosotros mismos desconocemos. Aunque talvez es algo bueno que tengan ese tipo de (des)cortesías con nosotros, por sanidad mental, digo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, a veces es mejor no conocer todo, creo que nadie muere conociendo a todos sus demonios. Siempre y cuando no se presenten en momentos inoportunos, todo bien. Gracias por pasar leyendo y comentando, Andru!

      Saludos!

      Eliminar
  13. Muy cierto esto: "[...] y claro que no sabían sobre mis demonios, eso no se le cuenta a cualquier persona que acabas de conocer, no se le cuenta casi a nadie". Es más, hay demonios propios que nosotros mismos desconocemos. Aunque talvez es algo bueno que tengan ese tipo de (des)cortesías con nosotros, por sanidad mental, digo.

    ResponderEliminar