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lunes, 18 de marzo de 2013

La Sala



Una sala casi en completa oscuridad, una estancia bastante amplia. Con algunos retratos familiares colgados en sus paredes, una mesa de madera con una capa gruesa de polvo y discos de acetato apilados debajo de ella, una pecera vacía que alguna vez tuvo vida, una televisión de esas viejas que la nueva generación ya no reconocerá, sus cortinas tapando las ventanas mugrosas que daban hacia la calle y un sillón corinto de espaldas a la puerta. Ese sillón con olor a guardado en el que, de niña, se sentó tantas veces, cuando los tiempos eran menos tenebrosos que los que vivimos hoy. El color de las paredes importa poco para tan poca luz que las alumbra. Esa única luz que las salva de las tinieblas, el ruido en la pantalla del televisor. Su cuerpo desplomado  en el sillón, su mano sosteniendo un cigarro, al que sólo había dado un jalón y que tenía una larga ceniza colgando. Sus pies desnudos, entumecidos por el frío, sobre el piso rojo con bordes blancos que apenas percibía. Su pelo negro caía sobre los hombros y su mirada estaba perdida en la profundidad del espejo que estaba frente a ella, desde el que miraba la lámpara rota en el techo.

Algo quebró el inmutable sonido que salía del televisor, un leve ruido en el corredor que la sacó de golpe del trance en el que estaba e hizo caer la ceniza, que se rompió al tocar el suelo. Supuso que era un ratón que se paseaba por el techo en busca de comida, le importó poco. Pero oyó otro ruido, como el chirrido de una puerta abriéndose al final del corredor, en el patio. Se inclinó hacia la mesa para dejar la colilla del cigarro que estaba a punto consumirse por completo, se levantó cautelosamente y observó la puerta como quien espera que alguien se asome a ella. No pasó nada. Caminó hacia la puerta y se recostó en el marco viendo fijamente hacia el patio iluminado por la luna, tuvo la sensación que el corredor se hacía más oscuro y largo. Era una de esas casas antiguas de un nivel, en la zona 1. Se entraba por el garage, en el que cabía sólo un carro, y al lado izquierdo estaba el corredor que llevaba a todos los cuartos, incluyendo la sala, el baño, el comedor y la cocina, terminando en el patio, que tenía dos cuartos más al fondo. El comedor tenía un gran tragaluz en el techo y un trinchante frente a la mesa, las sillas estaban perfectamente colocadas unas frente a otras, menos la de uno de los extremos, que era la que ella usaba cuando comía allí. Cuando comía.

El chirrido seguía y parecía hacerse cada vez más fuerte. Comenzó a caminar hacia el patio para averiguar qué estaba rechinando, tal vez había dejado mal cerrada una puerta esa tarde que entró a uno de los cuartos del fondo para buscar fotografías de su abuela, quien le había dejado la casa al morir hace un par de semanas. Pero que solo había encontrado una, rota a la mitad y un poco arrugada. El silencio se iba haciendo cada vez más espeso, pastoso, a medida que se acercaba al final. Se detuvo en medio del patio casi sin respirar y observó una de las puertas de madera, pintada de blanco, moviéndose al compás del ligero viento que la pasaba acariciando. La abrió completamente y encendió la luz del cuarto lo más rápido que pudo. No había nada. Solo las cajas que guardaban lo que para ella eran tristes recuerdos. Dejó salir un suspiro, que era mezcla entre alivio y decepción, apagó la luz y cerró la puerta, asegurándola para que no volviera a abrirse más tarde. No sabía qué hora era, ni qué día o fecha. Eran cosas que importaban poco para extrañar a alguien, luego de perder al único familiar cercano que le quedaba. Caminó de regreso a la sala, viendo la luz de la pantalla iluminando la puerta. Estaba exhausta, necesitaba un largo descanso.

Entró a la sala y su corazón dio un vuelco, casi se detuvo. Vio a una sombra de pie junto al sillón y el contorno de una cabeza en él, como si alguien más estuviera sentado allí. No sabía que hacer, mejor dicho, no podía hacer nada, estaba paralizada y le temblaba todo el cuerpo. Quería salir corriendo de la casa y nunca más regresar. El miedo, que había hecho la habitación aún más oscura, conspiró contra ella y la impulsó a acercarse para saber quién estaba sentado allí, movió un pie tras otro lentamente para que no la oyeran, aunque quien estaba de pie junto al sillón ya sabía de su presencia. Tenía la mirada fija en la sombra, algo había en ella que no la dejaba apartar la vista. Cuando había pasado el sillón logró dejar de verla. Se vio a si misma, sentada, con la mirada perdida en el espejo, el cigarro marchito en una mano y un trozo de papel en la otra. Sus ojos se aguadaron, pero no dejaron salir ninguna lágrima, su boca se abrió para gritar, pero no emitió ningún sonido. Era algo horrendo, fuera de este mundo. Vio nuevamente a la sombra, que esta vez le devolvió la mirada. Tenía algo familiar, que la hizo tranquilizarse y hacerle pensar que todo estaba bien, que no tenía por qué temer, sino que era algo completamente normal. La televisión se apagó de repente y la sala quedó, por fin, en completa oscuridad.

Se despertó de un salto, en esa misma habitación sombría. La televisión con el ruido necio y el cigarro en el suelo, los pies fríos y sudorosos. Sintió un trozo de papel en la mano, ese papel que había visto antes que todo desapareciera. ¿Cómo llegó allí? Tuvo miedo de verlo, dudó durante unos minutos. ¿Acaso no había sido un sueño? Parecía que la tristeza la había arrastrado a la locura con el pasar de los días que había estado encerrada en la casa, no sabía qué pensar. Lo giró lentamente mientras lo acercaba a sus ojos, casi se le salía el corazón del pecho. Era una fotografía, completa y bien cuidada. Estaba en el Cerrito del Carmen, en los brazos de su abuela. El sol de lleno sobre sus cabezas. Ella tenía el uniforme del colegio y una estrella pegada en la frente y su abuela un vestido azul con flores blancas, ambas sonrientes, felices. Una lágrima resbaló por su mejilla y una sonrisa se pintó en su rostro.


9 comentarios :

  1. Gracias a Sazo y Xavi por las opiniones.

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  2. Increíble la forma en que se describe el escenario! Creo toda una película en mi mente! Me intrigó y me mantuvo en suspenso hasta el final.

    Excelente Delirio

    - Anónimo Ö :D

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    1. Qué bien se siente saber que se logra transmitir lo que hay en la mente! Muchas gracias por el comentario!

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  3. Muy buena la descripción y lo detallado del ambiente que envuelve la historia.

    Me produjo sentimientos encontrados, pues recientemente tuve una perdida similiar. Y me dejó con la gana de conseguir una foto como esa.

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    1. Lamento mucho tu pérdida, tal vez aún no es tiempo de encontrar la fotografía. Espero que algún día de estos aparezca y te de una buena sorpresa.

      Saludos!

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  4. Más que un delirio, un cuento corto... pero no por eso deja de ser agradable: la lectura fue ligera, las descripciones muy detalladas, te envuelven en la historia y te hacen sentir como si estuvieras dentro de ella, sintiendo la ansiedad y el miedo de la protagonista.

    Conforme iba leyendo no sabía que final iba a tener todo, creí que tendría un final más lúgubre la verdad, pero fue un final satisfactorio aunque si lo sentí algo abrupto y apresurado, tal vez esa era la intención, o tal vez fue sólo mi impresión.

    Me sorprendió tu entrada, siempre variando géneros pero manteniendo tu esencia, no me molestaría leer más de estos cuentos cortos la verdad.

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    1. A veces no me gusta terminar las cosas como "deberían", tal vez sea un capricho del delirante, pero no lo se. Me alegra que te sintieras parte de la historia, es lo que buscaba.

      Muchas gracias por tu comentario :)

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  5. Orlando José una vez mas te felicito, esta increible, fumado pero muy bueno. Congrats

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